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Estructurada sobre un extenso y exuberante arrecife coralino virgen, Cuba constituye hoy paraíso sumergido de los amantes del buceo. Este archipiélago rodeado de aguas de diversas tonalidades de colores es una fiesta a los visitantes, y si estos se sumergen en sus cálidas aguas y observan el entorno subacuatico quedan entonces fascinados. Las aguas que rodean el archipiélago cubano se caracterizan además por ser muy apacibles, debido a sus leves mareas y a la ausencia de fuertes corrientes, por su calidez, pues durante todo el año mantiene una temperatura por encima de los 24 grados C (75 grados F), por su virginidad dada la carencia de contaminantes y lo bien conservado sus fondos, lo cual permite tener una visibilidad media horizontal de 30 metros ( 98 pies) y sobre todo por la diversidad de su fauna y flora subacuatica y la ausencia total de animales agresivos, lo que hacen del arrecife coralino el mejor ecosistema mejor conservado del país.
El arrecife coralino cubano forma un encaje submarino alrededor de nuestro archipiélago, y esta constituido fundamentalmente por más de 50 especies de corales que tiene un increíble crecimiento, formando verdaderos macizos rocosos de disímiles estructuras que semejan grandes cerebros o majestuosos castillos, otros crecen con ramas extendidas buscando la superficie o en formas aplanadas semejando verdaderas sombrillas de playa, y que constituyen el sostén y refugio para otras especies de organismos marinos.
En el arrecife conviven más de 200 especies de esponjas en forma de copas, tubulares o ramosas; majestuosas gorgonias y abanicos de mar que se mueven al vaivén de las olas, algas de caprichoso crecimiento, moluscos como los pulpos y calamares de colores cambiantes o los cobos, quincontes o tritones de sus preciosas conchas nacaradas.
En las oquedades de las rocas, erizos negros y blancos de afiladas púas, estrella de mar, poliquetos que esconden sus deslumbrantes estructuras respiratorias ante la curiosidad del buzo y crustáceos tan renombrados como langostas y cangrejos.
Entre todo este jardín tropical sumergido, numerosos peces de vistosos colores, representados por más de 500 especies, que se mueven rítmicamente en busca del alimento, refugios o simplemente de su pareja, entre los que se destacan dóciles meros que en muchos lugares comen de la mano del turista, pargos de diferentes especies, rayas en su camuflaje de arena y grupos de vistosos obispos nadando majestuosamente. Morenas cuidando celosamente sus escondites, tiburones de diferentes especies, desde aquellos tan dóciles y adormecidos como el gata o nodriza, el majestuoso pez dama o tiburón ballena y el famoso cabeza de batea o toro que se adapta a recibir su alimento de la mano de los instructores de buceo. En ocasiones también se puede tener el privilegio de encontrarse con los mitológicos manatíes, los inteligentes delfines o las inmensas mantas.
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